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Relato de un encuentro



RELATO DE UN ENCUENTRO


Hay noches en que siento a mi lado el calor de tu cuerpo y el deseo me invade dando lugar a que la fantasía haga lo suyo cuando el sueño me reduce a la inconsciencia. Y ahí estas, frente a mi con el cabello mojado que cae en cascada sobre tu rostro que en gesto angelical de niña temerosa, atrapa mi atención y te observo mientras entras a la habitación con un contoneo picaresco, un pasito caprichoso. Y te miro, solo te miro. Ni una palabra se oyó desde que entraste, las palabras están de mas. Ya es tarde, afuera solo se oyen los grillos y el viento cantando una canción que solo los enamorados comprendemos. Debo marcharme pero no puedo debo huir de esta habitación y encerrarme en la mía pero es demasiado tarde tus encantos me atraparon.

Esos grandes ojos, esa boquita tan pequeña, la forma en que me miras sentada en la cama, y ni mencionar tus piesitos que caben en mis manos, son la causa de mi estado de shock. Apago la luz y me siento a tu lado. Lo presiento: me deseas... te deseo. Inmediatamente te acaricio suavemente la mejilla, tu cuello, tus hombros. Exploro tu rostro con el rose de mis labios. Desnudo tu pecho. beso tu oreja y susurro: te amo... y se eriza la piel. Ya desnudos nos acostamos lentamente mientras te beso y acaricio. exploro todo tu cuerpo intercalando besitos con exhalaciones, mordiscos y respiraciones, visitando todos los rincones incluso donde no te han tocado nunca. Si hubiera tenido sombra, también te lo hubiera besado.

Un intenso masaje de besos se practica bajo el oscuro manto de la noche. Después de tanto explorar me encuentro con el calor húmedo de tus labios, la textura sedosa, que beso exhaustivamente sintiendo la suavidad incomparable, sintiendo la temperatura de tu desnudo cuero, sintiendo tu gozo. Nuevamente en tu oreja susurrando que te amo y te deseo introduzco mi lengua en tu oído y al instante que te estremeces me sumerjo en ti. Y damos vueltas enredados como dos serpientes entrelazadas. Te acaricio, te codicio, me fascinas, te degusto, te saboreo, nos confundimos. Me muero y renazco. Nos meneamos, nos retorcemos, nos estiramos. te aprieto te estremeces, me apeteces. Nos chocamos. te apreso, nos acribillamos. Nos apartamos, te contemplo nos juntamos, me enloquezco. Bañados en sudor nos derretimos, nos calcinamos, nos soldamos al comas de la caída de la lluvia que ya mojaba la ventana. Nos desgarramos, nos mordemos, nos asesinamos y resucitamos mientras la lluvia canta en las duras tejas sin cesar. Te refriego, te evades, te busco y te entregas al delirio inexplicable de sensaciones. La lluvia a cesado, los grillos ya no cantan, el viento se detuvo. Un silencio invade la habitación, solo se oye dos acelerados corazones y el respirar agitado que lentamente se va normalizando.



Desnudos los dos, uno en brazos del otro, te contemplo mientras duermes. nuevamente se oye la brisa entre los arboles y su sonido sumado al latir de dos corazones hacen que mis cansados ojos se vayan cerrando y viajo al mundo de los sueños donde el paraíso es la realidad de ese instante.
De repente un relámpago me despierta y te busco a mi lado... todo era un sueño. Voy a tu cama y dormías. Entonces hice mi sueño realidad: Acaricio tu mejilla lentamente...



Sebastián Franco
nuestrohechizodeamor@hotmail.com

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